AMLO: ni izquierda ni derecha

Retrato a pluma de un inclasificable mexicano

fuente. CIR Noticias

Desde el 1° de diciembre, México tiene un nuevo presidente. Andrés Manuel López Obrador, a quien vamos a llamar AMLO, como lo hacen seguidores y medios de prensa. Una de sus frases, al llegar al poder: «He recibido un país en quiebra». Pero a mi entender, la frase que mejor lo resume es: «No me dejen solo, sin ustedes no valgo nada». Esa humildad, en México, paga.

No es poca cosa México. Un PBI de US$ 1,294.7 billones. Aunque la industria mexicana dependa del mercado americano. Aunque Brasil sea casi el doble, US$ 2,416 billones, caben en México casi tres Argentinas, cinco Colombias y 39 Bolivias. Sin embargo, el per cápita es de US$ 10,000, inferior a chilenos y argentinos. Los problemas que enfrentará el nuevo presidente son enormes: brechas sociales, carteles, mafias, delincuencia y crimen organizado, sumados a la corrupción y a la impunidad de los poderosos. Problemas acaso peores que los nuestros. En México todo es enorme. Contra todo eso, el 1° del pasado julio, AMLO, a los 65 años, fue elegido con un 53%.

Quiero explicar quién es AMLO. Para ello, hay que evitar varios escollos. Lo primero que debemos dejar de lado es la costumbre muy peruana del rapidito. No es un outsider como nuestros calamitosos Toledo, Ollanta Humala y compañía. López Obrador está en la política hace un buen rato. Se enfrentó a Vicente Fox y a Calderón, ambos de derechas.

¿Quién es López Obrador? Un mexicano que encarna el sur pobre y los abandonados. Nacido en Tabasco, su primera actividad fue ocuparse de los indígenas. Sí, pues, comenzó con un cargo menor, dentro del PRI. Ahora bien, si no entendemos qué es ese partido, no entendemos nada. El PRI en dos palabras: un partido-Estado. No solo 70 años en el poder, sino millares de cuadros formados decenios tras decenios, de una calidad que ya quisiéramos. 

 Los mexicanos esperan algo grande, como cuando Benito Juárez, en el siglo XIX, hizo la Reforma, o sea, la ruptura del Estado y la Iglesia. Su prócer preferido es Francisco A. Madero, el candidato a presidente que Porfirio Díaz envía al exilio y que desde la frontera llama a la Revolución. Es un moralista rebelde. Ni izquierda ni derecha. Sentido común y cojones.

Por Pillpa Alvarado

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